domingo, 29 de mayo de 2011

JUNIO 2011
 



Domingo 5, 16.00 / 18.00 / 20.00 hs.
UN FERIADO PARTICULAR (IL pranzo di ferragosto, Italia 2009). Dirección: Gianni Di Gregorio. Guión: Gianni Di Gregorio y Simone Riccardini. Fotografía: Gian Enrico Bianchi. Edición: Marco Spoletini. Música:  Ratchev y Carratello. Intérpretes: Gianni Di Gregorio, Valeria De Franciscis, Marina Cacciotti, Maria Cali. Grazia Cesarini Sforza. 75 minutos. (ATP). Festival de Venecia ´09: premios: Luigi de Laurentiis, Pasinetti e Ismema. Bratislava ´09: premios: publico y mejor director. Londres´09: premio Satayajit Ray al mejor director. David Donatello ´09: mejor director. Premios del cine europeo: premio del público y al mejor guión. Sindicato Nacional Italiano del Cine: cinta de plata al mejor director.

    Difícil resistirse al encanto de esta pequeña historia ligera y sencilla que seduce por su verdad, su humor y su generosidad. Es una comedia italiana, italianísima, pero nada tiene de la ironía amarga, el grotesco o la intención satírica de Mario Monicelli, Dino Risi o Ettore Scola. Conserva, sí, el apego a la realidad que cultivó desde el principio el neorrealismo, la naturalidad sin artificios que aportan intérpretes no profesionales, la aproximación entrañable a sus criaturas, la mirada solidaria. Y claro, el humor. Un humor que se manifiesta no tanto en chistes o gags visuales como en situaciones.
    Está ya en la que pone en marcha la historia. Gianni, un soltero cincuentón que vive con su madre de noventa y tantos en un departamento romano y la cuida como a una nena ve convertirse su hogar, de un día para otro, en una minirresidencia para señoras mayores. No puede evitarlo. Tiene demasiadas deudas con el consorcio como para negarse a albergar a la madre del administrador cuando éste se lo pide. Son apenas un par de días, suficientes para que el hombre pueda aprovechar el feriado del 15 de agosto.             
    Tampoco puede negárselo a su médico, amigo de siempre, que debe cubrir una guardia y no tiene con quién dejar a la mamá. Total, que la faena habitual se le multiplica por cuatro (también hay una tía inesperada) y la rutina de la casa se trastorna. Por fortuna es cariñoso y bien dispuesto y sabe cómo arreglárselas para mantener la armonía entre las ancianas, escucharlas, entretenerlas, dejarlas manifestarse, vigilar que tomen sus remedios y que no coman lo que no deben, sin perder nunca la paciencia. Cuando ésta tambalea, siempre hay una copa de Chablis para reponer energías.
    En su debut como director, Gianni Di Gregorio no hace sino sumar aciertos. El primero, la puesta, con una cámara que jamás se hace notar y sólo sale al exterior para registrar una Roma cotidiana, lejos de cualquier cliché. Otro, fundamental, la elección de las cuatro intérpretes no profesionales, cuyas edades van de los 85 de Marina (la que no renuncia a sentirse joven) a los 93 de Valeria, la dueña de la casa, que conserva modales y caprichitos de tiempos más prósperos). Mucho de sí mismas aportaron al guión estas damas entrañables con sus diálogos improvisados y al film con su fresca naturalidad. Di Gregorio, irreemplazable como Gianni, establece con ellas la complicidad afectuosa que se adueña del film entero sin ceder al sentimentalismo. Su lúcido retrato está hecho a pura sensibilidad, pero también con tanta delicadeza como para que cierta crítica al modo en que se trata a los ancianos -si se la quiere percibir- quede implícita.

Un feriado particular



trailer de Un feriado particular
http://youtu.be/SzN2RPCZrjw



 
Domingo 12, 16.00 / 18.30 hs.

LA CINTA BLANCA (Das weisse band, Alemania, Austria, Francia e Italia / 2009). Dirección y guión: Michael Haneke. Fotografía: Christian Berger. Montaje: Monika Willi. Intérpretes: Leonie benesch, Josef Bierbichle, Rainer Bock, Christian Friedel, Burghart Klaussner, Steffi Kühnert, Ursina Lardi, Susanne Lothar, 144 minutos. (AM13 a).
Palma de Oro a la mejor película en el Festival de Cannes 2009; premio mejor película otorgado por la FIPRESCI (Jurado de la Crítica Internacional, 2009); nominada mejor película extranjera al Oscar 2010; ganadora del Globo de Oro 2009, a la mejor película extranjera.
   Un niño desciende temerosamente paso a paso los peldaños de una vieja escalera. Poco a poco comienza a adentrarse en la oscuridad del pasillo. Su voz temblorosa pregunta por su hermana. Cada vez mas asustado recorre la casa débilmente en busca de algo o alguien
que le ayude a abandonar el miedo. A abandonar ese malestar. Ese lazo blanco de pureza espiritual y religiosa que tanto fustiga su identidad...
Ésta, quizá una de las secuencias más espeluznantes de toda la filmografía del cineasta Michael Haneke, resume la totalidad de La cinta blanca (Das weisse Band, 2009), un filme que para nada debería de pasar desapercibido al espectador por mucha buena o mala fama que el realizador austriaco se haya ganado a pulso con su alabada y odiada filmografía a partes iguales.
   Una dura y pictórica fotografía en blanco y negro nos descubrirá los paisajes mas oscuros de la Alemania de comienzos de siglo en un pueblo similar en malestar popular a El bosque (M. Night Shyamalan
 2004) a través del que Haneke realizará su película mas tarkovskiana hasta la fecha. Mucho se habló tras su laureado paso por el festival de Cannes (Palma de Oro a la Mejor Película 2009) de la influencia del maestro sueco Ingmar Bergman en esta obra magna del año que acaba de dejarnos. Sin embargo las influencias del ruso Tarkovsky se hacen mucho mas evidentes con referencias paisajistas (Sacrificio,1986) o nihilistas (Stalker, 1979) que anteriormente solo habíamos podido intuir levemente en su apocalíptica El tiempo del lobo (2003).

   Excelentes críticas, referencias y premios. Sin embargo ¿Qué es lo que define indiscutiblemente a La cinta blanca como una obra maestra del cine moderno?    Entre muchos otros factores, Das weisse band puede considerarse como la gran obra del cineasta ya que el tempo narrativo que propone, por mucho que numerosos espectadores se empeñen en alegar lo contrario, fluye como un río. Un caudal de miedo, suspense, tensión e inseguridad en el espectador que eleva los cánones de ritmo cinematográfico a un in crescendo inabarcable por cualquier resolución de guión.
La cinta blanca


trailer de La cinta blancahttp://youtu.be/jesu2eDiwfU



Domingo 19, 16.00 / 18.00 / 20.00 hs.
LA PIVELLINA(La pivellina, Italia 2009). Dirección: Tizza Covi y Rainer Frimmel. Guión: Tizza Covi. Fotografía:  Rainer Frimmel. Montaje: Tizza Covi. Intérpretes: Patrizia Gerardi, Asia Crippa, Tairo Carolo, Pierino Atzemi, Fabrizio Borri, Donald Crippa. 104 minutos. (ATP). Cannes ´09: label europa cine. Gijón ´09 (España): mejor actriz (Patrizia Gerardi) y premio Asturias a mejor película. Valdivia '09 (Chile): premio del público y mejor película.


    Este multipremiado film, modesto en su producción, noble y generoso en su espíritu y, sobre todo, genuinamente humanista es una joya rara en el cine de hoy. Aquí la emoción no depende de manipulación alguna, ni del impacto visual, ni de los golpes de efecto, ni de las apelaciones sensibleras: emana de la intensa verdad de los personajes, del calor humano y la solidaridad sin retórica que ellos cultivan, y también del rigor puesto por los realizadores en el retrato de sus experiencias. Fogueados en el documental, la italiana Tizza Covi y el austríaco Rainer Frimmel se internan en una pequeña comunidad de artistas errantes e introducen un elemento de ficción que opera como catalizador para observar, manteniéndose siempre cerca del mundo real, cómo son y cómo viven.
La historia inventada es la de Aia, una nena de 2 años que ha sido abandonada en un parque y es recogida por una pareja y un adolescente pertenecientes a una pequeña troupe de artistas de circo que se ha instalado a pasar el invierno con sus trailers y sus pocos animales en un alejado suburbio de Roma.
    La situación puede ser imaginaria, pero no se la ve (ni se la vive) como ficción fundamentalmente porque los personajes, el ambiente físico y social en el que se desenvuelven, sus hábitos cotidianos, sus sentimientos y sus alegrías simples son verdaderos. Cada uno se representa a sí mismo. Patti, una especie de Anna Magnani de pelo rojo, fuerte carácter y espíritu maternal; Walter, su marido, el alemán que es lanzador de cuchillos, entrenador de perros, payaso y forzudo, y Tairo, el adolescente que tras la separación de sus padres ha encontrado en ellos una familia sustituta. En medio del entorno precario (conviene aclarar que no hay aquí pizca de miserabilismo), de las tierras bajas, el clima hostil y los arduos trabajos que imponen tantas carencias, lo que se percibe es solidaridad, benevolencia y amor, un amor del que no hace falta hablar porque está en cada gesto.
    Esa atmósfera es la que espera a Aia (Asia Grippa, una criatura de gracia absolutamente irresistible), que más que protagonista termina siendo un poco espectadora porque lo que importa en la película no es tanto la pequeña historia de sus días en el campamento sino el retrato de un grupo capaz de transmitir su saber y sus valores, de afirmar su identidad y de preparar a sus hijos para el cambio, y acaso también para un nomadismo que no será necesariamente sólo geográfico. Detrás de ese retrato, del tema del abandono y de la sensible aproximación al nacimiento del amor maternal y de los afectos sobre los que se construye una familia de veras (aunque sea una tan heterodoxa como ésta), hay una sutil observación del cuadro social. Los realizadores trabajan casi continuamente con la cámara en mano, lo que incide en el acercamiento afectivo hacia los cuatro personajes. Todos, por cierto, inolvidables.

La pivellina

 

trailer de La pivellinahttp://youtu.be/dMY-lUW-Zz8



Domingo 26, 16.00 / 18.00 / 20.00 hs.
VILLA AMALIA

 
(Villa Amalia, Francia 2009). Dirección: Benoìt Jacquot. Guión: Benoit Jacquot y Julien Boivent, basado en la novela de Pascal Quignard. Fotografía: Caroline Champertier. Música: Bruno Coulais.  Montaje: Luc Barnier- Intérpretes: Isabelle Huppert, Jean-Hugues Anglade, Xavier Beauvois, Maya Sansa, Clara Bind. 94 minutos. (AM 13 a.).  Ganadora de varios premios en los festivales de London Film Festival, Karlovy Vary, Vancouver International Film Festival, Festival des Films de Monde de Montreal y San Francisco Film Society y nominada al Goya 2011, mejor película europea.
    Hartazgo, insatisfacción, incomodidad existencial son algunas de las razones que empujan a la protagonista del film a desaparecer de su vida previa para empezar una nueva, en una isla del Mediterráneo que trae el recuerdo de La aventura, de Antonioni.
   Se acabó”, dice Eliane a poco de comenzado el film. Y su decisión no podría ser más drástica. No se trata de que viera a su pareja, con el que lleva conviviendo quince años, besándose con otra mujer. No, ella misma lo reconoce. Si fuera solamente eso, sugiere, sería una banalidad. Se trata –aunque nunca se enuncia– de algo más profundo: de un sentimiento indeterminado pero muy intenso, una sensación de hartazgo, de insatisfacción, de incomodidad existencial. Villa Amalia, la quinta colaboración del excelente cineasta francés Benoît Jacquot con Isabelle Huppert, es la historia del salto al vacío de su protagonista, de su ruptura con los lazos que la atan con el mundo para emprender una vida nueva, sin compromisos de ningún tipo, sin otro futuro que el más inmediato presente.
   Basada en una novela de Pascal Quignard (el autor de Todas las mañanas del mundo), Jacquot ha hecho un film que no tiene, en apariencia al menos, nada de literario. Por el contrario, la puesta en escena es reina, las palabras escasean, las explicaciones huelgan. Al comienzo, el montaje es ríspido, los paneos de la cámara son como bofetadas y los cortes son tan abruptos como las decisiones de la protagonista. Un encuentro fortuito con un viejo amor de juventud (Jean-Hugues Anglade) la empuja a definirse, pero no necesariamente para volver atrás, sino para impulsarse hacia adelante. “Quiero desaparecer”, dice. Y quema todo, sin contemplaciones: cartas, fotos, partituras... A su paso sólo queda tierra arrasada.
    Ella, compositora y pianista famosa, no duda en dejar un concierto por la mitad, en plantar al público, en abandonar los contratos y las giras. A partir de entonces, Bélgica, Alemania, Suiza, Italia pasan por su vida –en tren, en bus, a pie– con la misma rapidez con que ella se desprende de todo su equipaje, hasta viajar casi apenas con lo puesto, sin lastres de ningún tipo. Cambia no sólo de corte de pelo, sino también de horizonte. Y reemplaza un mar por otro: del melancólico gris de las playas de Bretaña, donde se apaga la vida de su madre, pasa al azul profundo del Mediterráneo, una isla del sur de Italia en la que encontrará su nueva morada, Villa Amalia, un refugio tan inaccesible como ella misma.



Villa Amalia

trailer de Villa Amalia