Domingo 6, 16.30 / 18.30 hs. Pre-estreno:
incendies (idem, Canadá-Francia/2010). Dirección: Denis Villeneuve. Guión: Denis Villeneuve, sobre la pieza teatral de Wajdi Mouawad. Fotografía: André Turpin. Edición: Monique Dartonne. Música: Gregoire Hetzel. Elenco: Lubna Azabal, Melissa Desormeaux-Poulin, Maxim Gaudette, Rémy Girard, Abdelghafour Elaaziz, Allen Altman. Duración: 130 minutos.Calificación: apta para mayores de 18 años.
Incendies, film de sobrecogedora potencia y vigoroso impacto emocional, apunta a una coyuntura en que colisionan la tragedia familiar, el drama personal acerca de los propios orígenes y los vestigios de un sangriento conflicto político-religioso en un imaginario país de Medio Oriente. Si éste no es identificado es porque el canadiense Denis Villeneuve prefiere abstraerse de la realidad histórica -un campo minado, según suele calificárselo- y aspirar a una dimensión mítica. Las atrocidades de las guerras civiles son las mismas; similares el odio que se retroalimenta, el encarnizamiento de la lucha entre fundamentalismos, las tragedias que viven los que son alcanzados por ellas, combatientes o no.
El film, que promueve la reconciliación sin ahorrar crudeza en la descripción de los enfrentamientos, intenta descubrir el origen del odio concentrándose en un caso personal. La historia -tomada de una pieza teatral del canadiense de origen libanés Majdi Mouawad- ofrece el siempre eficaz formato de una investigación detectivesca, que en este caso se duplica porque por una parte avanza del presente hacia el pasado tratando de reconstruir una vida de la que poco se sabe y por otro, se asiste paralelamente a la descripción cronológica de los hechos tal como sucedieron: la terrible trayectoria de una mujer que ha sido víctima y también verdugo, que algunos se niegan a recordar y en otros ha dejado el recuerdo de su inagotable capacidad de resistencia y el canto con que se acompañaba en las largas jornadas de cárcel, interrogatorios y torturas
Domingo 13, 16.30 / 18.30 hs. Preestreno:
La vitalidad de los efectos (La Merdittude Des Choses, Bélgica-Holanda/2009). Director: Felix Van Groeningen. Guión: Christopher Dirikx, Felix Van Groeningen. Fotografía: Ruben Impens. Edición: Nico Leunen. Música: Jeff Neve. Elenco: Kenneth Vanbaeden, Valentijn Dhaenens y Koen De Graeve. Duración: 108 minutos. Calificación: Apta para mayores de 16 años.
En La vitalidad de los afectos , el cineasta belga Felix Van Groeningen (cuya anterior Steve+Sky se conoció aquí en DVD) cuenta una historia marginal, y lo hace como si él mismo fuese parte de ese mundo, es decir, más o menos en primera persona. No sabemos a ciencia cierta si es así, si está de alguna forma poniendo un espejo delante de un universo que le es familiar, pero sí se puede afirmar que no sólo demuestra calidad narrativa, sino, además, una sinceridad que conmueve, como si fuese una confesión de partes.
En verdad, Van Groeningen adapta la obra autobiográfica de Dimitri Verhulst contada por Gunther, un escritor cuarentón que recuerda el inicio de su adolescencia en una familia patética junto a su abuela, su padre y sus tíos, personajes lamentables, groseros y alcohólicos.
La vida de estos seres discurre en una casa humilde, donde poco espacio le queda a este chico al que su entorno intenta hacer crecer de golpe, como si eso fuera posible cuando no existen reglas y las que sí aparecen no son precisamente muy pulidas.
Domingo 20, 16.30 / 18.30 hs. Pre-estreno:
Sin escape (Der Räuber, Alemania-Austria / 2009). Director: Benjamin Heisenberg. Guión: Benjamin Heisenberg, Matias Prinzi. Fotografía: Renhold Vornscheider. Intérpretes: Andreas Lust, Franziska Weisz, Florian Wotruba. Duración: 90 minutos. Calificación: para mayores de 16 años.
Viena sirve de escenografía real para una historia real (así anticipan los títulos), la de un corredor de maratones y ladrón, o un ladrón corredor de maratones, en ambos casos, un personaje al que las descargas naturales de adrenalina en cualquiera de sus dos actividades colocan muy arriba. Pero surge una pregunta inevitable: ¿hasta cuándo podrá seguir haciéndolo? Léase: ¿podrá tropezarse más de una vez con la misma piedra y salir indemne?
El director austríaco Benjamin Heisenberg sabe cómo sacar partido de una historia verdadera para llevar adelante un ejercicio cinematográfico que sostiene la tensión de principio a fin, sin necesidad de echar mano a efectos especiales ni grandes despliegues. Todo lo contrario, su cámara se preocupa principalmente por seguir de cerca el personaje apodado por la prensa Pumpgun Ronnie, por su fusil y la careta de Ronald Reagan que lucía, tan bien interpretado por Andreas Lust.
Nacido hace 36 años en Tubinga, Alemania, Heisenberg estudió en la Academia de Bellas Artes en Munich y en la Escuela de Cine de esa ciudad, fundó la revista de cine Revolver , que difundió en aquel país el Dogma 95, impulsado por Lars von Trier. Una década más tarde debutó en el largometraje con Dormido (2005) y cuatro años después con el film a propósito del auténtico Johann Rettenberger que recién ahora, y tras su aplaudido paso por el Festival de Berlín y el Bafici de 2010, llega al ciclo de Cine Arte MDP.
Domingo 27, 16.30 / 18.30 hs. Pre-estreno:
No se lo digas a nadie (Ne le dis à personne, Francia/2006). Dirección: Guillaume Canet. Con François Cluzet, André Dussolier, Marie-Josée Croze, Kristin Scott Thomas, Nathalie Baye, François Berléand, Jean Rochefort, Guillaume Canet. Guión: Philippe Lefebvre y Guillaume Canet sobre la novela Tell No One, de Harlan Corben. Fotografía: Christophe Offenstein. Música: M (Matthieu Chedid). Edición: Hervé de Luze. Duración: 102 minutos. Calificación:apta para mayores de 16 años, con reservas.
El principal atractivo del film está en sus giros sorpresivos (quizá demasiados), conviene revelar muy poco de la anécdota. Apenas que el protagonista, un pediatra que perdió a su esposa ocho años atrás, aparentemente víctima de un asesino serial, recibe vía correo electrónico un mensaje que sugiere que la mujer, su amor desde la infancia, puede estar viva. Casi al mismo tiempo, la aparición de otros dos cuerpos en el lugar próximo a un lago donde se produjo el asesinato, deriva en la reapertura del caso y convierte al protagonista en sospechoso.
En el complejo laberinto que se arma en torno del médico se mezclan desde la amiga y confidente que es a la vez pareja de su hermana; el suegro policía; dos investigadores que no le pierden el rastro; un político millonario; una abogada de prestigio; un hampón que, por gratitud, le ofrece protección con su pandilla y debe vérselas con otro grupo de matones profesionales; una perversa torturadora, etc.
Canet transita por el género con llamativa autoridad (su relato tiene nervio y buen ritmo y es admirable la secuencia de la corrida por París), aunque a la historia de amor que está en el origen y le da sentido a todo el cuento le falta convicción y temperatura.
El elenco -al frente del cual François Cluzet se luce en un papel exigente y físicamente agotador- es de lujo.




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